Fade to black: Capítulo 1 – 1985 (1)

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Nota: advertimos que el rating de esta historia es +18 porque contiene violencia explícita. Daos por avisados.

Richard releyó la carta y sacudió la cabeza.

Por un momento estuvo tentado a arrugar el papel y tirarlo a la basura para que le hiciera compañía a los tres intentos anteriores.

Nunca pensó que escribirle a su madre pudiera resultar tan complicado. Pero vaya si lo estaba siendo.

Por una parte, estaba la carta que realmente quería y necesitaba redactar. Por otra, la carta que, sabía, su madre necesitaba y quería recibir.

La VERDAD y la “verdad”.

Se mordió el labio inferior, tratando de resolver la disyuntiva. Con tan solo quince años, se podría pensar que era la primera vez que se enfrentaba a un dilema moral, pero no era así.

La vida se había encargado de enseñarle las sutiles pero importantes diferencias, la gran variedad cromática que existía entre el blanco y el negro.

La “verdad” decía que se había adaptado enseguida a la vida en el internado. La VERDAD era que se sentía el morador de algún tipo de submundo.

La “verdad”, había hecho un montón de amigos enseguida. La VERDAD, la conversación más larga que había mantenido con alguien no había durado más de tres minutos.

La “verdad”, un amor recién descubierto por los deportes. La VERDAD, largas horas encerrado en su habitación, volcando su soledad sobre las teclas de la vieja remington.

Antes de ingresar como alumno interno, había tratado de derrotar a todos las las historias  y leyendas urbanas sobre la vida en ese tipo de colegios con grandes dosis de sentido común y madurez.

Todo se hizo astillas durante el primer día. No sólo era malo, sino que era peor de lo que había imaginado.

Aquel olor a detergente industrial y sudor de adolescente. El viejo edificio de grandes techos abovedados, una mole gris que parecía devorar las almas de los que cruzaban el umbral de sus puertas.

Los uniformes oscuros, como sus habitantes. Aquella implacable, cruel y no escrita ley de la selva que imperaba en cada rincón.

La primera noche que pasó allí terminó añorando su vida en el pequeño apartamento, su madre esperando el gran papel de su vida y él preparándole Bloddy Marys para la resaca. Tiempos difíciles, pero tiempos felices. Felices para él, al menos.

Siempre había deseado que triunfara como actriz, pero no se había planteado seriamente las consecuencias reales de aquello, cómo repercutiría en su vida.

Ahora que lo estaba viviendo, había deseado en silencio que ese triunfo nunca hubiese llegado.

Allí dentro, la vida era otra cosa. El respeto era otra cosa. La supervivencia era otra cosa. Allí dentro, las grandes verdades universales que Richard había creído conocer, se habían reescrito ante sus ojos.

“Estarás bien, ya lo verás”, le había dicho Martha, pero su madre no se caracterizaba precisamente por ser la mujer más sincera del mundo. Sus verdades eran tan relativas como las que él mismo había plasmado en el papel.

A los niños se les enseñaba que hay que ser justo, hay que ser valiente, hay que decir la verdad, y hay que luchar por lo que uno quiere. En los cuentos, los príncipes rescatan a la princesa, el dragón muere y son felices para siempre.

En los cuentos, claro.

Bofetadas de realidad había recibido algunas en sus quince años, pero ninguna como aquella. En el cuento que transcurría entre aquellas paredes de hormigón, los valientes terminaban con la cabeza metida en el inodoro, con un brazo roto e implorando a sus padres que les cambiaran de colegio. La justicia era un grotesco reflejo de sí misma. Decir la verdad era equivalente a llevarse una paliza. Y luchar por lo que uno quería se veía reducido a luchar por la propia supervivencia.

¿Cómo podía contarle a su madre que le había internado en el infierno “por su propio bien”? ¿Cómo decirle que cada día allí era un combate con el miedo?

No podía. No era justo.

Cuando le ponían la zancadilla en el comedor y la comida de la bandeja quedaba diseminada por el suelo, cuando el bedel le entregaba la fregona con brusquedad y le obligaba a limpiar lo que había ensuciado ante la divertida mirada de los demás, él corría a su habitación y tecleaba con furia momentos y situaciones en las que los buenos siempre ganaban, los buenos siempre daban lecciones a los malos, los buenos nunca limpiaban la comida del suelo con una fregona sucia.

Era su particular e íntimo modo de vengarse, el único que tenía. Aferrarse un mundo mejor, aunque fuera imaginado, era mucho mejor que vivir la realidad de aquel lugar. Una realidad que extendía sus garras hacia él y abría las fauces, amenazando con devorarle.

Había visto vestigios de esa misma destrucción en los ojos apagados de algunos compañeros. Paseando como zombies, abandonando un aula para llegar a otra, sin un atisbo de sonrisa en los labios.

Se escuchaban rumores. En los pasillos, en voz baja, hablando sin contacto visual, las historias corrían de boca en boca. Historias que ponían los pelos de punta y le mantenían con los ojos abiertos a altas horas de la madrugada.

Aquellas historias poco tenían que ver con fantasmas, apariciones o entes de otro mundo. Los “demonios” a los que se les temía por encima de cualquier cosa eran reales, tenían nombre, rostro, ojos. Podían cruzarse en su camino en cualquier momento, y cuando le miraban a uno, se sentía como si le pintaran una diana en la nuca.

Respirar era provocarlos. El mero hecho de compartir el aire, un motivo para que le persiguieran.

Hacía apenas dos días, había visto cómo obligaban a correr a un chico de unos doce años hasta hacerle caer agotado. Le perseguían, le increpaban, le insultaban. Cuando el chico se dio por vencido, le molieron a patadas.

Él había querido visitarle en la enfermería, pues parecía un buen chaval y le había recomendado un par de libros de la biblioteca que resultaron ser muy interesantes.

Pero tenía miedo de hacerlo, por si el demonio y sus secuaces hacían acto de presencia. Tener miedo de hacer una visita a una enfermería, ¿En qué clase de mundo degenerado ocurría aquello?

En el suyo.

Dejó vagar sus ojos azules por las últimas líneas de la carta, las únicas que eran VERDAD.

“Te echo de menos, mamá. Ojalá puedas venir pronto a visitarme. Soy un chico de quince años pero sigo necesitando un abrazo de vez en cuando.

Te quiero.

Richard”




  1. Profile photo of claudett martinez
    15/04/2013

    claudett martinez

    ay no manches que triste, pobrecito, tambien el se convirtio en buen actor,muy bueno ,excelente para entendet un poco al gran rick y el por que es ahora como niño

  2. Profile photo of Iberaeclectica
    16/04/2013

    Iberaeclectica

    Sistah, me ha encantao, pero me ha sabido a poco, me da esperanzas lo de Capítulo I…así que ya esperando el II….

    Me alegro que te hayas inspirado en esa etapa de la vida del Richard, que no tuvo que ser nada fácil y forjó su manera de ser y seguramente muchas de sus filias y fobias, y que apenas han desarrollado en la serie, aunque espero que lo hagan, mientras, a disfrutar con vuestro arte.

    Tenemos unas escritoras de primera división,
    thankiussss

  3. 16/04/2013

    MARYK

    Muy chulo este fic!! Enhorabuena, espero otro…

    Que penita da Castle…Como sufre..Ahí solito..Pasando miedo..

    Me encanta que el fic vaya sobre las capas más profundas de Castle , ya que casi siempre se suelen centrar en las de Beckett.

    Por cierto eres una escritora como la copa de un pino!!!

  4. Profile photo of Kathyuska
    16/04/2013

    Kathyuska

    Me gusta mucho mucho que hayas decidido explorar con tu fic esa época en la vida del personaje. Esos años del internado, sus experiencias, pueden ser la base del forjado de su carácter, y es muy muy interesante rebuscar ahí…

    Y muy bien escrito. Estupendas las lineas de La VERDAD y la “verdad”.

    Ganas de seguir leyendo a ver por donde se orienta la historia. 🙂

  5. Profile photo of Ana
    17/04/2013

    Ana

    Gracias a tod@s por los comentarios. Espero que a medida que avance la historia, os siga gustando 😉
    Hay muchas historias diferentes que se pueden contar sobre nuestros personajes favoritos. Esta es una de ellas.

    Disfrutad de la lectura tanto como estoy disfrutando yo al escribirla 🙂

  6. Profile photo of Scullywen
    17/04/2013

    Scullywen

    Genial preludio. Ahora que hemos visto en la serie un poquito de ese niño todavía temeroso que Castle guarda dentro, este fic viene que ni pintado :). Como Ana, soy de la opinión de que esa fachada de despreocupación esconde algo más, un pasado nada fácil y que merece la pena explorar.

  7. Profile photo of patricia_23
    20/04/2013

    patricia_23

    Me gusta que te centres en la historia que hay detrás del Castle que conocemos!!!
    Estoy deseando leer más 🙂

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