Esperando a su musa – Resolud

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Kate sintió como el proyectil le atravesaba el pecho, la desgarraba y quemaba al mismo tiempo. Notó como caía al suelo a cámara lenta y cómo Castle la sostenía entre sus brazos y le decía aquello que más miedo le daba, pero que más anhelaba oír, que la amaba más que a nada en el mundo, más que a su propia vida.

Habían pasado ya dos meses desde aquello y esa mañana, como todas las anteriores, se despertó sobresaltada sin saber muy bien dónde estaba. Oyó como los árboles susurraban con el viento y eso la trajo a la realidad. Salió al porche de la cabaña vestida sólo con una camiseta de Stanford y una taza de café en la mano, es lo que hacía mecánicamente todos los días.

Por mucho que lo evitaba, su mente seguía repitiendo la escena una y otra vez; esas palabras retumbando en su cabeza, “te quiero, te quiero Kate, quédate conmigo” y eso la estaba volviendo loca.

Cuando él fue a verla al hospital, sintió una sacudida como si le hubieran disparado de nuevo, pero no podía hacerle frente, no en ese momento y eso la había herido tan profundamente como la propia bala.

Los árboles seguían moviéndose con el viento y seguían susurrándole, contándole historias tal como lo hacían cuando se sentaba con su madre, acurrucada en la misma butaca en la que estaba ahora. Historias, que según le decía su madre, se harían realidad si las escuchaba con atención. Sonrió recordando aquello y miró fijamente la taza de café.

“Dios como echaba de menos ese café”. Pensó tomando un sorbo.

Verle aparecer por la comisaría todas las mañanas con su café significaba mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir y eso la aterraba.

“Tal vez era hora de averiguar si estaba preparada para verle de nuevo, para explicarle por qué lo había apartado así de su vida”. Se dijo para sí.

Pero, y si él no quería verla, y si lo había perdido para siempre, se preguntó. Miró hacia arriba y observó las hojas moviéndose.

Cogió el teléfono y llamó, apretaba tanto el teléfono que los nudillos se le pusieron blancos.

“¿Castle?” Preguntó, con una voz que casi no le salía de la garganta.

“Kate, ¿eres tú?” Preguntó Castle con sorpresa.

“Sí, soy yo”. Dijo apresuradamente.”Siento no haberte llamado, de veras que lo siento pero es que no podía, no…”. Kate se calló durante unos segundos porque sentía que las palabras se le atragantaban en la garganta.

“Dijiste que sólo serían unos días y ya han pasado dos meses”. Dijo Castle, con un rencor y un dolor que ella nunca le había notado y eso la asustó aun más.

“Sí, lo sé pero es que”. Pero Kate no podía seguir, notaba la tensión y la premura al otro lado del teléfono y sólo pudo decir una cosa.

”Por favor ven, necesito hablar contigo”.

Cuando colgó, Castle estaba aturdido, todo este tiempo esperándola, todo este tiempo decidiendo si dar el paso y llamarla, o respetar su espacio tal como le había pedido. Estaba tan enfadado con ella que no podía pensar, le había tratado como si fuera un estorbo y esa sensación había hecho mella en él y no podía dejarla de lado tan fácilmente. Pero haberla oído tan vulnerable, suplicándole casi el que fuera a verla, hizo que la decisión fuera rápida. Cogió las llaves del coche y salió por la puerta.

Cuando Kate colgó, se sintió a la vez aliviada y aterrada, pero qué podía hacer. Todo por lo que había pasado, hizo que esos muros internos se elevaran hacia el cielo, para no dejar pasar a nadie, ni siquiera a la propia luz.

Dos horas más tarde, se oyó el motor de un coche por el sendero que llevaba a la cabaña. Kate abrió la puerta y se agarró al marco como si el suelo bajo sus pies fuera a desaparecer.

Castle se bajó del coche y se dirigió hacia ella. Kate sonrió levemente y esperó que él le devolviera la sonrisa con esa mirada que siempre tenía para ella, pero eso no ocurrió.

Le invitó a entrar en la cabaña, le ofreció un café y se sentaron en el sofá. Ella cogió un cojín abrazándolo y se acomodó en una esquina, con los pies en el sofá. Castle se sentó en la otra esquina, con aire preocupado, con la vista fija al frente, sin mirarla y sin saber por dónde empezar.

“Kate no sé qué quieres de mí. He respetado tus deseos, creyendo que cuando estuvieras preparada me llamarías, pero dos meses”. Le dijo, lamentándose, sin mirarla todavía.

“Castle, siento haberte alejado de mí, siento haberte hecho sentir así, pero he estado ocupada levantando un muro todavía más alto para que nadie entrara, para evitar que me hieran de nuevo. Ni siquiera quería que la luz entrara en mi vida y si tú hubieras estado a mi lado, habría acabado con la única luz que quiero tener junto a mí.”  Afirmó Kate, acercándose a él y cogiéndole la mano, ahora sin miedo alguno.

Castle la miró, con esos ojos que ella conocía tan bien y con el dorso de la mano le acarició la mejilla suavemente.

”Contigo nunca se extinguiría la luz, al contrario, tú eres la razón de que brille más que nunca” le dijo con un susurro, al mismo tiempo que dudando se acercó a sus labios y la besó lentamente y con una dulzura que ella jamás había experimentado.

Durante un segundo ella intentó alejarse de él, pero era como intentar escapar de la succión de un tornado. Así que se dejó arrastrar a su interior y allí sintió una calma infinita, una paz que anhelaba tanto como a él mismo.

Kate se recostó lentamente en el sofá, mientras él, tumbándose encima, la acompañó en su caída, respirando profunda y excitadamente. Se quedaron un instante mirándose, ella nunca le había tenido tan cerca, podía respirar su propio aliento y ese calor entró en su interior volviéndola loca de deseo. Lo besó intensamente, sus labios saboreaban cada centímetro de los suyos, notando su lengua deseándola, queriendo más y más. En ese momento, ella lo atrajo hacia sí, entrelazando las piernas en su cintura y sintiendo su erección. Arqueó todo su cuerpo creyendo que iba a sucumbir a tanto deseo, posó su boca en ese cuello que tantas veces admiraba sin que él se diera cuenta y paseó la lengua por su piel, notando las pulsaciones de su carótida cada vez más rápidas y siguiendo hasta llegar a su oreja, mordisqueándola con placer mientras él sucumbía con gemidos profundos.

Castle se irguió apoyándose en los brazos y se le quedó mirando, y en un rápido pero seguro movimiento, la cogió con fuerza por la cintura y se la llevó a la alfombra del suelo. Allí siguió mirándola como si estuviera decidiendo cuál iba a ser el paso siguiente. Se tumbó junto a ella y pasó su mano derecha por debajo de la camiseta, notó el calor que desprendía su piel y cómo se estremecía ella con cada caricia, subió hacia sus pechos notando entre sus yemas como se endurecían sus pezones. La excitación que sentía Castle iba en aumento y sabía que había llegado al punto de no retorno, así que se acercó y le susurró al oído.

“¿Estás segura de que quieres hacer esto?” ella lo miró y no hizo falta respuesta alguna.

Él le sonrió y la besó lenta y profundamente. Ella mientras, le desabrochó la camisa y tiró de los pantalones hacia abajo mientras ambos se movían acompasadamente, primero despacio y después con más urgencia. Él le sujetó los brazos por encima de la cabeza y le sacó la camiseta, después mientras con una mano le seguía sujetando los brazos, con la otra le bajó los pantalones cortos y por un momento se sorprendió al notar que no llevaba ropa interior, sonrió al pensar que no se había equivocado en su predicción, eso hizo que la deseara aun más y paseó su mano lentamente por su zona más húmeda. Ella intentó soltarse para poder agarrarlo y traerlo hacia sí, pero no la dejó, eso hizo que gritase de placer y a la vez con frustración porque quería más, le quería dentro ya.

Él hizo caso omiso y siguió agarrándola con fuerza, mientras le besaba el estómago y lamía cada palmo de ella, llegando a la zona de la ingle donde con la lengua dibujó toda la línea del bajo vientre, quería seguir hacia abajo pero sus instintos no esperaban así que se situó encima de ella y empezó a penetrarla. Por fin, Kate fue libre para agarrarlo por las nalgas y empujarle así, más adentro. Ambos gimieron, ella notaba su respiración agitada en el cuello, cada suspiro de placer, cada palabra de deseo y eso la elevó a otra dimensión, la llevó a otro lugar, a un lugar donde los árboles susurran historias que se hacen realidad, si las escuchas atentamente. Y esta historia Kate la había escuchado con mucha atención. Abrió los ojos y siguió mirando las hojas en movimiento.

“Por favor ten paciencia conmigo, espera un poco más y estaré preparada para aceptar todo lo que me ofreces” suplicó Kate, pensando en él.

Mientras tanto en el loft, Castle miraba fijamente la pantalla de su ordenador.

“Nikki Heat salió del coche y se dirigió hacia él con aire desafiante, como siempre, Rook la había sacado de sus casillas y sólo le quedaba aguantar el chaparrón, pero…….”

Puso su dedo índice en la tecla y borró todo lo que había escrito las últimas tres horas, nada le había costado tanto como terminar este libro, o tal vez, no fuera el libro lo que le estaba costando terminar, sino su vínculo con Kate. El seguía esperando a su musa.

  1. 10/01/2013

    mari3

    pero que bueno …….menudas escritoras temenos ……a seguir

  2. Profile photo of
    10/01/2013

    sexycaskett

    Me he quedado pasmada.Menudo final.Pedazo de escritoras hay en esta web.Espero que haya más.Necesito más.Muchas gracias.

  3. Profile photo of lourdes
    10/01/2013

    lourdes

    Me ha alegrado un montón que os gustase. La verdad, lo he hecho por pura diversión e inspirada por el resto de Fanfics. Así que gracias y a esperar un poquito que vendrán más.

  4. Profile photo of Viviana Reyes
    18/10/2013

    Viviana Reyes

    guauuuuuuuuuuuuuuu y yo acabo de leerlo recién hoy, tremendo fic que me estaba perdiendo, mis más sinceras felicitaciones, es …..perfecto!!!!! y en serio espero que vengan más!!!!!

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